Dancing with myself.

Puesto que no necesito confirmar lo que quizás es tan obvio,
El amor que entrego, me entrega por eso yo doy TODO.-

miércoles, 11 de agosto de 2010

Volar.

Cuando lo vi, yo todavía no volaba. Es cierto que ya había intentado algunos viajes pero nada serio. Un salto algo más largo de lo común. Algún aterrizaje afortunado. Pero volar, lo que se dice volar, yo no volaba. Ahora, cuando lo vi me di cuenta de que mi única oportunidad tenía un nombre: vuelo. Si yo pretendía que él se fijara un poco en mí tenía que andar por el aire como por el suelo. Entonces empecé a largarme. Y ya se sabe, cuando uno tiene auténticas ganas de hacer algo nada puede impedirlo. Así que a los pocos días no había nube que tuviera secretos para mí. Lo único que me quedaba por hacer, entonces, era acercarme como casualmente, como si ese encuentro fuera resultado únicamente de la fortuna, y decirle con la voz más natural que me saliera.
- Hola, ¿Qué hacés por aquí?. No sabía que vos también volabas por estos lugares tan solitarios. Yo hace años que vengo. Me gusta porque es tranquilo y puedo pensar sin que nadie me interrumpa.
Fue lo que hice. Él me sonrió sabiendo que mentía pero fue lo suficientemente astuto como para aceptar mi historia. Paseamos un rato y aunque él era mucho mas hábil que yo en ese asunto de navegar por el aire, debo decir en mi favor que no desentoné demasiado. El paso de los días fue fortaleciendo nuestra amistad. Todo iba maravillosamente bien. Pero está visto que nada puede ser perfecto para siempre. Un día lo encontré parado sobre una colina baja de las afueras. Me acerqué, extrañada, porque era la primera vez que lo veía apoyado en algo.
- Ya no quiero volar más - me dijo -. Ahora quiero sentir todo lo que peso.
Lo miré sin entender nada. ¿Y ahora qué iba a hacer con mi habilidad?. Me paré junto a él. Una vez, por estar a su lado había aprendido a acompañar al viento.
- Quiero vivir lo que hacías antes de conocerme - siguió hablando. Pero yo ya no lo oía.
Como por obra de un mago poderoso entendí en ese momento lo que tenía que hacer. Lo tomé de una mano y lo llevé para que viera la fachada de mi casa. Supe que ya nunca más íbamos a volar y que el cielo había sido apenas una excusa para estar juntos. Ahora que había cumplido su parte volvía a ser lo de siempre: un lugar para mirar de a dos.



Decime, no te hace volar este fragmento?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Pensá, escribí, sentí.